Lo recuerdo como si hubiese sido ayer. La estampida me sacó del letargo. Todos habían empezado a correr ya. “El mismo caos de siempre”, pensé. “Seguro que es otra falsa alarma”. Pero no paraban. Y al final como tantas otras veces me dejé arrastrar. Empecé a correr. Al principio despacio, pero después cada vez más rápido. “Esto de correr así, sin saber uno hacia donde va, está empezando a aburrirme. Pero, ¿no se supone que los sábados son para descansar?”.
Claro que por otro lado… tal vez si corría más deprisa podría salir de ese lugar para siempre. Hacía siempre mucho calor y no había mucho que hacer. Así que apreté el paso todo lo que pude y corrí como si me fuese la vida en ello. Decidí que, aún sin saber el qué, esta vez ganaría. De repente el paso se estrechó sobremanera, todo se puso oscuro y sentí el golpe. Fue un choque brutal. Aún mareada, me levanté y una luz que provenía de una puerta iluminó tenebrosamente la escena. El imbécil contra el que me había chocado me miraba con un aura de soberbia que me sobrecogió. Una arcada de desasosiego e impaciencia me recorrió de arriba abajo.
“Sólo puede ganar uno. Y voy a ser yo. ¡Qué te jodan! “ me espetó en la cara el tipo.
Muy tranquilamente respondí: “a ver brother, hemos llegado a esta base a la vez ¿no? Pues entonces que gane el mejor. Contaré hasta tres y ahí empezamos a correr. El primero que atraviese la puerta, gana. ¿Hay trato?”
Lo pensó 4 segundos y respondió: “Está bien. Pero contaré yo.”
Asentí con la cabeza mientras pensaba “por mi perfecto, ahora vamos a ver si sabes contar”.
Lo que pasó después lo recuerdo con mucho menos detalle. Sólo sé que cuando mi “brother” llegaba contando al 1,5 yo eché a correr y sin mirar atrás, atravesé la puerta la primera.
Y a los 9 meses mi madre, con mucho esfuerzo, sangre, placenta, sudor y lágrimas dio a luz a Lolita Tabernas.
Sí amigos. Hice un trato, mentí y lo rompí.
Luego vino todo lo demás:
Francés nivel alto.
He visto un fantasma.
Yo no bebo.
Nunca me pondré unos pitillo.
Sí, lo he leído.
Sí, la he visto.
Yo no miento.
No puedo hacerlo.
No se de qué me hablas.
No estoy pensando en nada.
¿Drogas yo?
Claro que no me importa.
Te querré para siempre.
O como cuando os dije que tendríais un “Lolita” todos los jueves. Os pido un poco de paciencia porque a veces miento y hago trampas.
Pero que queréis. Nací así.